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La Revolución de las conciencias y el periodismo hoy

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  • En los eventos todos ganan, menos los periodistas
  • Al periodista no lo mates con balas, mátalos de hambre: PRI

El cambio evolucionista de las diferentes áreas de la vida cotidiana al pasar de una labor analógica a una digital afectó también al periodismo en México y la falta de actualización tecnológica obligó al cierre de infinidad de medios de comunicación, en especial los conocidos como “regionales”.

Pero el problema no radica solo en los conocimientos básicos de la nueva era digital, sino en un cambio de chip en la mente de muchos, no de todos, los comunicadores.

Un problema que ya se veía venir desde la aparición del internet, cuando la comodidad de la información compartida (boletines oficiales, notas compartidas y el desplazamiento por las redes) quitó de la labor periodística el concepto más básico que era la investigación de campo.

Copiar y pegar la información dio una comodidad en los 90s al gremio sin entender que estaba muriendo el espíritu periodístico en su esencia más importante y aunque al principio sobrevivieron los medios impresos estaban destinados a desaparecer en su mayoría.

A medida que las redes sociales se convirtieron en el vehículo más importante de comunicación entre la ciudadanía, los medios tradicionales fueron perdiendo terreno, pues la mayoría estaban supeditados a la publicidad oficial.

La disparidad entre una industria vigorosa y las precarias condiciones laborales es descarada. La brecha entre lo que perciben los millonarios dueños de los medios y la mayoría de los empobrecidos reporteros que dan forma a los medios es abismal: los primeros, millonarios y sentados a la derecha del poder; los segundos, pobres y luchando mejores por condiciones de seguridad para no ser las siguientes víctimas letales.

Al perder (muchos de ellos), el apoyo gubernamental, simplemente dejaron de salir, muchos actores políticos, entre ellos Vicente Fox (2000), apostaron por la desaparición de ese “mal necesario” y otros como Alejandro Moreno Cárdenas, líder del PRI, en mayo del 2022 declaró que “a los periodistas no se les mata a balazos, sino de hambre”, según audio filtrado por la entonces gobernadora de campeche Layda Sansores.

Para quienes no supieron leer entre líneas lo que se planeaba para el futuro del periodismo fueron quedando relegados y con la llegada de la 4T la mentalidad del político fue similar y la prueba es que el 85% de los medios impresos desaparecieron.

Pero ahora la mentalidad sigue en franco deterioro, pues el consiguiente estado de muchos periodistas en México y principalmente en el Estado de México es el de hacer méritos para ser tomados en cuenta y dejando de lado la ética y valores de tan importante profesión u oficio, como le llaman, algunos se han convertido en lo que tanto se combatió: ser aplaudidores del sistema.

En la entidad mexiquense se lleva a cabo una férrea defensa de la dignidad del periodista, se buscó el ser visibilizados, posteriormente la tarea de generar una Ley real y adecuada a las necesidades del gremio, misma que está en proceso y que permitirá coadyuvar en la profesionalización del gremio y la defensa de los derechos de los comunicadores, pero es necesario, por bien de las próximas generaciones de comunicadores concientizarnos que es importante revalorar el costo-beneficio de esta noble profesión y valorar la importancia del periodismo en esta nueva era.

Para muestra un botón, escuchado de un compañero a quien identificaremos como “Carlos” que de manera sencilla dijo al que esto escribe: “En un evento oficial, gana dinero el que renta el video, el que trae el sonido, los transportistas encargados de traer a la gente, los policías que cuidan, cada actor que aparece en el evento gana dinero, los únicos que no reciben remuneración son los periodistas, en una conferencia de prensa gana el del salón, el de los bocadillos, los del sonido, todos menos los periodistas”

Esa es una verdad, cruda, pero, al fin, realidad del periodismo actual.

Identificar el valor de un comunicador en la vida de un Estado que se jacta de ser democracia es la tarea que deben entender los periodistas, no minimizarse o regalar el trabajo, pues no solo son comunicadores, son pequeñas empresas que pagan impuestos federales y estatales, que generan empleos directos e indirectos, que de cada página o periódico impreso dependen muchas familias entre diseñadores, impresores, repartidores, etc. Etc.

El valor del trabajo de un periodista va más allá de informar el acontecer de una nación, el periodista genera opinión, fortalece valores, crea y destruye paradigmas, levanta o corrompe la imagen pública de un actor político, es voz de denuncia del pueblo.

Pero para los gobiernos federal estatales y municipales son y seguirán siendo ese “mal necesario” que es imprescindible erradicar.

Solo con la unidad del gremio y el regreso a los principios básicos del periodismo se podrá recuperar y/o fortalecer el concepto equívoco que el pueblo tiene de los comunicadores.

Quienes iniciaron una batalla por las mejoras de los periodistas, en su mayoría ya no están en este plano, con algunas excepciones, pero estoy cierto que si hoy vieran en lo que se ha convertido el periodismo, se volverían a morir.

Romper la auto censura cuesta, pero deja satisfacción.